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V 9/06/2017

A fuego rápido

Mientras algunos gastan su tiempo discutiendo si el calentamiento global es o no es una conspiración, existe o no existe, o es obra del ser humano o un ciclo natural, las temperaturas de este principio del mes de junio por debajo de la cordillera cantábrica rondarán los 38 o 40 grados. A lo mejor aún hay gente que esto le parece normal. Durante mis 47 años de vida, el mes de mayo siempre fue frío, y hasta el 10 de junio no llegaba el calor (el 40 de mayo, como dice el refrán), y con él la posibilidad de ir vestido de manga corta o de tomar el sol. Este año (aplicable a los tres últimos) las primeras olas de calor han comenzado en marzo y en junio ya “disfrutamos” las temperaturas típicas de julio y agosto. Me pregunto qué nos depararán esos meses.

Lo mismo que las autoridades no se ponen serias con un problema hasta que hay víctimas mortales, de igual forma tendrá que haber más y más catástrofes naturales para que los políticos se pongan de acuerdo en la gravedad del problema, aunque los habrá que se limitarán a encender el aire acondicionado de su chalet de lujo. Negacionistas sigue habiendo, porque tiene que haber de todo en este mundo.

Y víctimas también hay. Las ha habido durante muchos años, especialmente en países pobres con población muy vulnerable a tifones, lluvias torrenciales, sequías o plagas. Sólo Dios sabe la responsabilidad sobre estas muertes, que son la verdadera tragedia de todo este asunto y que bastarían para terminar este artículo en este punto. Cada año desaparece una importante cantidad de especies animales y vegetales, obras únicas de la naturaleza que han costado miles de años de evolución. El deterioro de la zona ártica es un hecho, el hielo desaparece y millones de toneladas de agua se vierten al mar, añadiéndose al delicado ciclo hídrico global. Los océanos, cada vez más templados y con más agua en evaporación, se convierten en gigantescas máquinas de crear borrascas, pero pasadas de vueltas, y el clima sufre cambios drásticos: aguaceros en unos lugares, sequías pertinaces en otros.

Personalmente ya estoy sufriendo en mis carnes este problema. No necesito concienciación adicional. Encuentro muy irritante el hecho de tener que soportar temperaturas sofocantes en mi tierra a estas alturas del año. Mi máximo disfrute es ir al campo, pisar tierra, ver plantas, paisajes. Supongo que durante los próximos tres meses, que para mí eran los mejores del año después de inviernos que solían ser largos y duros, tendré que encerrarme en casa en las horas centrales del día, salir a la calle como las cucarachas y los vampiros, a las diez de la noche y pasarlas canutas para dormir en medio de la tremenda sudada. Si me hubiese criado en el Sahara quizá no me importaría, pero no es el caso. Y luego está el tema del agua. Nuestras reservas hídricas dependen de la lluvia. ¿Llegarán los días de restricciones en el valle quizá con más ríos de la región? ¿Qué pasará con la agricultura local? ¿Sabrán los agricultores cuándo sembrar o los ciclos se volverán impredecibles y las cosechas se perderán? ¿Qué política medioambiental tiene el partido que votamos?

Viviendo como vivimos en Occidente tan desconectados de nuestro cuerpo y de la naturaleza, encerrados en oficinas y vehículos climatizados, nos costará darnos cuenta de que nuestra casa se está desmoronando y de que somos tan idiotas que nos dedicamos a autolesionarnos con saña.


Vivir conscientemente