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J 31/05/2018

Bendito vayas, Mariano

La nulidad política del gobierno del PP, y la mediocridad de sus componentes se manifiesta estos días con claridad meridiana. A esta hora (medianoche del 31 de mayo) Mariano Rajoy se niega a dimitir después de perder el apoyo de sus socios parlamentarios, y entrega así el país a un gobierno en minoría sostenido precariamente por los separatistas (golpistas) vascos, catalanes, y el enjambre de mareas y círculos podemitas, en medio de un grave ataque contra la legalidad en Cataluña. Ya que no va a conseguir terminar la legislatura en la Moncloa, Rajoy se resigna a que lo echen, y no mueve un dedo, ensimismado en su mantra de que es inocente y que nos ha sacado de la crisis. La Historia juzgará a este hombre posiblemente como el peor presidente de la democracia española, si acaso después de Zapatero. Será objeto de chistes sobre la estupidez.

El horizonte se tiñe de oscuro, casi negro. Las ganas de Pedro Sánchez de ser presidente y de hacer ministros a un buen número de amigos y colaboradores suyos (más sueldos vitalicios que pagamos todos, por unos meses de trámite) son demasiado intensas después de haberlo intentado en varias ocasiones siempre sin éxito y con cada vez peores resultados electorales. El señor Sánchez carece de los mínimos requisitos para ser presidente. Aplaudió las barbaridades de la legislatura de Zapatero, quitó hierro a la corrupción y continuó con el mismo discurso vacuo y anticuado. Lo de siempre. Ni programa ni dignidad.

En este panorama, el único partido presentable es Ciudadanos, por más que tenga defectos y haya cometido errores de bulto en su corta historia. Es la única esperanza de supervivencia de lo que conocemos como España, nuestra única posibilidad de alcanzar un gobierno que pueda hacer frente al golpe separatista y a la grave crisis que seguimos padeciendo.

En décadas de bipartidismo y después de haber visto cómo socialistas y populares vendían a España por mantenerse en el poder o por sacar una ley, ahora hace falta un partido que defienda a España como idea. Y los naranjitos se han dado cuenta de que, por encima de complejos absurdos, esa idea, el patriotismo que tantas veces nos hemos arrancado por una falsa vergüenza, late con fuerza en el corazón de millones de españoles, uniéndolos por encima de ideologías, en la defensa de un sistema democrático que tan costosamente se recuperó en la Transición y que está sitiado por los ataques separatistas, por la corrupción institucionalizada, el populismo y la mediocridad de los políticos.

Es hora de dejar las tonterías y las peleas personalistas, y centrarse en lo importante, y lo importante es mantener la legalidad, la unidad del país, y un nuevo impulso de modernización que no esté lastrado por el “que hay de lo mío”. Si ha de haber corrupción en Ciudadanos, que la habrá, será dentro de unos años, cuando los de siempre logren montarse el chiringo. Pero, mientras tanto, puede que avancemos un poco como sociedad. Que nos dé tiempo a una legislatura de sentido común, dignidad, valores constructivos y sana ambición. De gente con ganas de trabajar y no de llevarse su mordida. Y sobre todo, habremos superado, al menos durante un breve tiempo, el maniqueo ping-pong entre conservadores y progresistas que sólo cronificaba la corrupción.


Vivir conscientemente