Otras entradas

Blog

J 26/10/2017

Caganet total y la realidad se impone

Las piezas de la chapuza independentista van encajando. Los hechos reales se imponen a los hechos alternativos.

En el curso de 36 horas se ha puesto de nuevo de manifiesto la “seriedad” y fundamento del movimiento liderado por Carles Puigdemont: primero lanzó el globo sonda de que iría al Senado a exponer sus razones contra el artículo 155, a las pocas horas se desdijo, y en ambas ocasiones, por supuesto, se cargó de razones, sin que hubiesen cambiado las circunstancias. Asombrosa capacidad para justificar sus decisiones aunque sean contradictorias. No contento con estos amagos, ha convocado y desconvocado comparecencias ante la prensa, las ha cambiado de lugar y ha tenido locos a medios y periodistas durante todo el jueves.

Puigdemont ha sopesado sus ganas de entrar en la cárcel acusado de rebelión, y les ha dicho a sus radicales compañeros de viaje que vayan ellos, si quieren, que él prefiere seguir en libertad, suspender definitivamente el sueño republicano y convocar elecciones dentro de la legalidad Constitucional. Ni una palabra de su “suspendida” república catalana independiente. Ni rastro de esa osadía que ha demostrado siempre en sus comparecencias, en sus mensajes al Rey y al gobierno. Ni rastro de aquella determinación nacional. ¿No va a llamar ahora al respaldo de la calle, del “pueblo”? Mejor no, porque ese “pueblo” monolítico parece que se ha vuelto en su contra y lo más bonito que le dice es “traidor”. ¿No se debía al “mandato” del “pueblo”? Así se las gastan los mentirosos. Así es la política callejera. Y mentiras es el material del que está hecho el movimiento secesionista.

Las bravuconadas secesionistas se han estrellado contra el muro de la Ley, no sólo la española, sino la europea, sin olvidar el respaldo internacional a la legalidad. Una buena lección contra los ideólogos de la hoja de ruta independentista, que se las prometían muy felices con su golpe no violento. La rebelión popular no se logra sólo adoctrinando y manipulando. Necesita de problemas reales: hambre, pobreza, represión auténtica, y en Cataluña de eso, poco, y los que lo sufren no achacan el problema a España. Es una revolución de niños ricos que quieren convertirse en otro Luxemburgo para no tener que dar explicaciones sobre cuentas en paraísos fiscales o mordidas.

La aplicación del 155 sigue siendo necesaria, y no porque lo diga el PP, sino porque lo dice la lógica. Quienes han estado fuera de la legalidad durante meses y a punto de romper la integridad territorial con una rebelión sin armas no pueden estar al frente de la representación del Estado en Cataluña. Lo ideal sería que el propio electorado catalán optase por un gobierno no independentista que se aplicase a fondo en el regreso a la normalidad, y que buscase, para variar, la imparcialidad política en las instituciones, en los colegios y en los medios.

Aparte de lo que leo en prensa o veo en televisión, he tenido, además, que comprobar personalmente la locura en la que entran quienes están bajo el ambiente secesionista, principalmente los periodistas de TV3, como mi antiguo compañero de la facultad de periodismo, Jaume Freixes. Tras leer algunos comentarios críticos míos en su twitter, decidió bloquearme. La lógica les parece insoportable. Personas en principio razonables se convierten en inasequibles al razonamiento. En otro ámbito distinto, Nervana Mahmud, conocida comentarista sobre Oriente Medio en Reino Unido y conocida mía durante mi estancia en Manchester, decidió hoy acusarme de “pro-dictatorial” tras cuestionar yo su crédito a los delirios del secesionismo (creo que tiene amigos en Barcelona). Este último caso no es demasiado sorprendente, puesto que la Sra. Mahmud parece querer saber de todo y de todo es la que más sabe. A estas alturas semejantes discursos no me hacen perder tiempo. La estupidez se cae por sí sola con el tiempo y los hechos. Creo que Twitter es a la razón como el aceite al agua. No veo ni rastro de debate constructivo en la red del pajarito, como no lo veo en el Whatsapp y engendros parecidos. Quizá para dar recados sean útiles, pero para comunicar cuestiones de peso son lo peor.


El Blog de Juan Presa