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M 24/04/2018

Cómo utilizar las redes sin caer en ellas

Hace tiempo escribí que después de 8 años en Twitter estaba pensando en cerrar la cuenta o dejarla dormir el sueño de los justos. Desde entonces el dilema ha fluctuado entre prescindir de la posible inspiración que me dan o liberarse definitivamente del gallinero en que se han convertido. Aparte está la lucha contra las distracciones y la poderosa atracción de la novedad en cualquier momento. Actualmente estoy en una situación intermedia: no le dedico más de 5 minutos. Cuando se cumple el tiempo lo cierro. Bueno, a veces. Cada vez que entro sé que me expongo al riesgo de contagiarme de esa violencia que puede volver a atraparte en cualquier momento (de repente te descubres respondiendo a un tuit de ésos “indignantes” con el mismo tono y poniéndote a su nivel) o te pillas enganchado al muro sin fin, adicto… Pero el tiempo no pasa en balde, algo voy aprendiendo. Sinceramente me temo que terminaré borrándola. El ruido que produce (emocional e informativo) es demasiado intenso.

Con Facebook ha pasado algo parecido. Mirando el muro con otros ojos me he dado cuenta de la poca e irrelevante información que me llega de mis “amigos”, y de cuánta me sobra de cosas que no me interesan en absoluto. La política lo inunda todo, pero de ésa que está dividiendo a medio mundo, manipuladora. He dicho política y debería haber dicho información política. Hoy día están tan mezcladas que se han convertido en la misma cosa: en dar opiniones efectistas poniendo verde al adversario, si puede ser con sarcasmo. De algo de eso tengo yo también culpa. Luego están los clásicos: frases famosas, los consejos espirituales, las cadenas tipo “no me darás like porque soy discapacitado”, o copia y pega esto en tu muro si tal o cual. ¿Qué nos aporta todo eso? ¿Entretenimiento? Pero ¿no decimos que nos falta tiempo? La saturación es la clave de esta época. Nos ataca sin remedio desde todos los flancos.

A todo esto se unió el feo asunto de la venta de datos personales, la comparecencia de Zuckerberg en el Senado estadounidense, etc. Muchos debaten aún si el producto es la plataforma o nosotros, es decir, sus usuarios. A mí no me cabe duda pero hay gente que aún da crédito al director de Facebook. Pobre. Ha dicho que lo siente, que tenían que haber hecho más, así que lo olvidaremos todo y seguiremos haciéndole el juego. ¿Y con Google, qué haremos? Porque se basan en parecidos presupuestos.

Hasta cierto punto me da igual que sepan lo que me gusta y lo que no, mis ideas políticas, mis viajes o mis conversaciones. No tengo nada que ocultar. Lo que ya me gusta menos es que me interrumpan con anuncios de cosas que ya he comprado o que ya he dejado de buscar. Su inteligencia artificial es incapaz de saber cuándo he cambiado de gustos, opiniones o ideas y, por lo visto, también de enterarse de que ya he comprado el producto. Dudo que puedan inventar algoritmos para lo primero.

Con las redes sociales muchos buscábamos el contacto humano, la conexión, el conocimiento, la apertura, el compartir y la solidaridad, y también eso que llaman “visibilidad” (horrible expresión) para nuestras propias iniciativas. Y claro, con esa originalidad que caracteriza al ser humano, nos han terminado por vender productos que, en su mayor parte, no necesitamos y han añadido desinformación. El voto se ha convertido en otro producto. Sí, es verdad que Internet y las redes sociales han logrado la difusión de cosas que de otro modo nunca habrían salido a la luz. Lo triste es que con cada avance, con cada logro, nos asestan un hachazo por otro lado. O ¿seremos nosotros que nos dejamos?

En fin, mi testimonio aquí y ahora es sólo mi feliz iluminación con respecto a las redes sociales, el sentirme más a salvo de las continuas trampas que nos ponen, y que pisamos con inocencia. Quizá a alguien le pueda servir, como me sirven a mí algunos blogs, muy concretos y elegidos, perlas sacadas del inmenso mar de Internet. Que no sólo se puede vivir sin redes, sino que a veces es mucho mejor prescindir de ellas o empezar a dominarlas en lugar de ser manejados por ellas. A medida que soy más consciente de los trucos me es más fácil escapar y ser… libre.


El Blog de Juan Presa