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D 9/08/2020

Cuando la política se mete hasta en el lenguaje

Compruebo en conversaciones, cursos y webs de todo tipo cómo el tema del lenguaje sexista ha ido calando hondo hasta asimilarse por la mayoría de la población.

Ya no se trata de mítines ni de discursos políticos. Son gente de a pie, en principio poco interesados en entrar en disquisiciones poco útiles, quienes aceptan y otorgan. Me sorprende, la verdad. Me quedaba la esperanza de que la gente en realidad pasaría de estas cuestiones tan poco prácticas. Pero no.

No sé si se dan cuenta de lo que están aceptando. Sé que hay gente que cuando oye hablar de agendas ideológicas desconecta, pero este tema es exclusivamente ideológico.

Sólo quiero recordar unos simples hechos:

La idea de que el empleo del femenino junto con el masculino va a hacer el menor favor a la vida de las mujeres es irreal, no tiene ninguna base.

Se ha generalizado el uso de “todos y todas”, y cuando se dice un adjetivo como, por ejemplo,  “cansados”, no pasa un segundo sin que se añada, “y cansadas”. Y así todos los días en infinidad de ocasiones.

Esto quiere decir que el público ha asumido la teoría de que el neutro en español es sexista, y que cuando dicen “cansados”, sin más, sólo hablan de los varones presentes.

Primero, en español, cualquier adjetivo en género masculino (cuando hay forma femenina) se está refiriendo a todas las personas presentes, hombres y mujeres. Si quisieramos especificar sexos, tendríamos que decir “los varones”, “los hombres”, “los chicos”, etc., y para las mujeres bastaría con decirlo en femenino, porque sí, son las mujeres quienes disponen de una forma gramatical exclusiva.

Segundo, ninguna forma gramatical es “sexista”. Los géneros del lenguaje no se corresponden con los sexos de los seres a los que aluden. Son simples reglas fonéticas, morfológicas, gramaticales que se han ido formando por la costumbre de los hablantes. Y de las hablantas, claro. Muchas palabras de género masculino terminan en “a”, y otras muchas de género femenino no terminan ni en “a” ni en “o”.

La duplicación continua de adjetivos y nombres resulta un desastre gramatical y estilístico. Sin embargo muchos transigen con la imposición de esta leyenda urbana. Mantener principios e ir contra corriente es un precio que no todo el mundo quiere o puede pagar.

 


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