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L 4/06/2018

Dime a quién atacas y te diré a quién temes

Para quien, como yo, se informa en varios medios de comunicación y mantiene un archivo de noticias señaladas sobre diferentes temas, resulta vergonzosa la capacidad de contradecirse y mentir de la mayoría de líderes políticos. La famosa “maldita hemeroteca” pilla a los charlatanes y vende-humos. Y se lo juro, no se salva nadie. Sólo nos queda medir el grado de incoherencia y en qué materias, porque no todas las mentiras tienen la misma consideración. Lo malo de la hemeroteca es que un tanto por ciento muy alto del electorado la ignora. Los votantes tienen menos memoria que los peces de colores. O poca memoria, o demasiado cuajo.

El muestrario de cabriolas y mentiras que hay ya sobre la mesa con la moción de censura de Pedro Sánchez es de exposición. No sé si alguna vez existió la honestidad, la palabra, el honor o algo parecido en el universo mental de estos personajes, pero si lo hizo, no ha dejado ni huella.

Al PNV, después de sacar 530 millones extra de un cupo ya manifiestamente injusto con respecto al resto del país, no le dolieron prendas en votar en contra del partido con el que había pactado, como si la sentencia de la Gurtel fuese un antes y un después realmente. También su intransigencia con el 155 había sufrido una brusca e incomprensible desaparición. La verdadera razón fue evitar que Ciudadanos ganara ningún protagonismo y si para eso había que apuñalar al compañero de viaje, se hacía. A quien de verdad teme el PNV es a Ciudadanos porque su chiringuito nacionalista de chantajes (dinero extra a cambio de apoyo a gobiernos débiles) estaría en peligro con Rivera en el poder. El nacionalismo vasco bascula entre el racismo, la demagogia barata y el dinero fresco proveniente de ese Estado opresor de la patria vasca.

Pedro Sánchez y el PSOE, en situación agónica electoralmente hablando, parece que cobran algo más de protagonismo, obtienen vidas extra en un videojuego casi finiquitado. Sin programa, sin auténtico liderazgo, con un proyecto político que Zapatero demostró catastrófico y que no ha sido renovado ni en ideas ni en personas, lo único que pueden hacer es jugar a la vieja política, la de los discursos vacíos, las aritméticas parlamentarias y los cambios de cromos. ¿Sánchez es nuevo? Para nada. Como ya dije, Sánchez es hijo político de Zapatero. Lo admira, alaba su gestión, dice las mismas cosas, frecuentemente las contrarias a las tesis de Felipe González y otros barones del PSOE, restos de un socialismo con algo más de fundamento y sentido común. Y luego está el análisis digamos psicológico del personaje: sus facciones, sus actitudes, su historia reciente, sus palabras. Demoledor diagnóstico. Nada indica salud emocional en este personaje. Su personalismo le ciega. No actúa por el bien del país.

Ha logrado entrar en la élite de los presidentes. Eso lo vale todo.

Lo de los compañeros de legislatura, o sea, quienes han facilitado su investidura, ya ha sido suficientemente explicado. La crème de la crème del arco parlamentario: los más minoritarios y radicales, incluidos amigos de etarras, secesionistas agresivos y oportunistas; y Podemos, otro partido en horas bajas, con masiva decepción entre sus votantes ante el liderazgo de la pareja Iglesias-Montero, enfrascados en amueblar el chalé e infiltrarse en la casta.

Los secesionistas catalanes, en barrena hacia el río, ¿qué pueden perder mientras pierda el Estado? Mucho mejor un gobierno pendiendo de un hilo que otro que pendía de dos. Más posibilidades de tentar el ansia de ambición de Sánchez y probar su ética política a cambio de pequeñas mejoras: un indultillo aquí, un mirar para otro lado en la recuperación de las “embajadas” catalanas, más concesiones absurdas tipo “nación de naciones”, memoria histórica, o recuperar un estatuto inconstitucional.

Sintomático es el odio que despierta Ciudadanos en todo el espectro político. Pero, analicemos ese odio, y su origen. ¿Han hecho algo malo? ¿Les afecta la corrupción? ¿Han traicionado a alguien? No parece. Su crimen es pactar con otros partidos, crecer en las encuestas continuamente y enfrentarse claramente al mayor lobby de la política española: el nacionalismo. O mejor dicho, los nacionalismos, todos igualmente egoístas, oportunistas, decimonónicos, y con doble discurso, canarios, catalanes, vascos, gallegos, valencianos y baleares. Los partidos tradicionales, PP y PSOE hace mucho que dimitieron de su “centralidad”, de su defensa de España y del interés general, habida cuenta del poder de los partidos nacionalistas y de la debilidad (ascendiente) de los gobiernos centrales. Temerosos de su electorado en esas comunidades autónomas, siempre en minoría, no se atreven a enfrentarse al clamoroso e insotenible juego de concesiones que no terminan nunca. El único que lo ha hecho y que ha asumido el riesgo de rechazar de plano las tesis nacionalistas y regionalistas, y por tanto de ser “inexistente” en el País Vasco, por ejemplo, es Ciudadanos. Y ellos sí tienen un proyecto para España, basado en unas claras reglas de juego (reforma electoral, instituciones independientes, justicia independiente, medios independendientes, justicia territorial, pactos de Estado…) y con una visión económica más moderna, de inspiración nórdica.

Así pues, ¿a qué viene tanta noticia en plan “la derrota de Rivera”, “el gran error de Ciudadanos”? ¿Por qué ese tono despectivo y esos ataques directos en los debates, sobre todo de los partidos nacionalistas? Está clara la amenaza, y dónde pica.

Si es verdad que los que vivimos en territorios “normales”, es decir, sin “hechos diferenciales”, nacionalidades o, dicho claramente, sin tanto morro, estamos hartos de los hechos diferenciales de las periferias, y lo estamos, haríamos muy bien en concentrar el voto en quien, a día de hoy, es el único contrapeso a la fiesta nacionalista.


Vivir conscientemente