Otras entradas

Blog

J 7/09/2017

El pulso catalán

Y sucedió lo que todo el mundo sabía. El diálogo, la prudencia y los tiernos llamamientos a los independentistas catalanes no han servido de nada, aunque, supongo, era necesario quemar esas naves. ¿O no?

Dénse una vuelta por el diario Avui. Lean los comentarios sobre los últimos sucesos, los titulares. Saboreen el tono, la épica de las arengas, la perspectiva de sus cronistas. ¿De qué han servido unas leyes que no se han hecho cumplir? ¿Cómo los gobiernos centrales han sido tan descuidados y negligentes de permitir la construcción del odio por medio de la palabra, la injuria, la reescritura de la Historia y las mentiras? ¿Para eso han utlizado la recuperación del catalán? ¿Para separarse cada vez más de sus vecinos y compatriotas escudados en una lengua regional? ¿Para eso querían la inmersión lingüística y la promoción de la cultura catalana? ¡Qué bien dominar una lengua de 4 millones de personas y no saber expresarse correctamente en otra que habla medio mundo!

Cada vez que el coro buenista y pueril de los políticamente correctos les hacía un poco más la pelota a los nacionalistas y se plegaba a escribir Girona en lugar de Gerona en todas partes, o aceptaba que en unos juegos olímpicos se hablara catalán por megafonía, o insistía en llamar país a una región, o les lamía un poco más el trasero cantando las tremendas diferencias con el resto de España, cada vez, digo, se les colocaba un pedazo más de alfombra roja a los Pujol, Mas y Puigdemonts de turno. Al mismo tiempo, en el resto de España nos hacíamos un poco los sordos, o mirábamos para otro lado, o suspirábamos pensando “ya están otra vez con los catalanes, qué pesados”. Y cuando no eran los catalanes, eran los vascos, con su hecho diferencial. Básicamente todos estos hechos diferenciales se basan en el dinero, en su capacidad para recaudar por su cuenta. Y de esta manera, a base de compartir cada vez menos, han llegado al nivel de vida actual, bastante superior a la media. Estamos ya un poco hartos de los hechos diferenciales, del chantaje parlamentario de las regiones por culpa de la ley d’Hont, de una ley electoral que parece imposible cambiar.

Mientras tanto, los independentistas y nacionalistas siguen viviendo en su burbuja, ajenos a razones, a leyes, al mundo entero que los desdice. Son inasequibles al desaliento, impermeables a la decencia y han decidido ignorar los medios que el Estado tiene para ponerlos en su sitio. Le han dicho al Estado  “a que no hay huevos…” Confían plenamente en la marea de desinformados que los apoyan y en la incapacidad del inquilino de La Moncloa.

Hablamos de unos responsables políticos que traicionan al mismo sistema democrático que les ha conferido la autoridad que ostentan, para intentar derribarlo por la fuerza, no de las armas, sino de la desobediencia, mediante una campaña de manipulación a largo plazo. Pretenden cargarse la democracia en nombre de la democracia, lo que ilustra perfectamente su cabriolerismo verbal. Unos políticos que no han dudado en recurrir a lo que fuese con un sólo objetivo: montarse un chiringuito en el que actuar sin una legalidad que los controle. Quieren unas leyes a su medida, a la de sus cuentas corrientes (aquí o en el paraíso fiscal de turno). Así venía haciendo, presuntamente, (como sabemos desde hace meses) el primer icono del independentismo, la familia Pujol. ¿Nos sorprende que el “ideólogo” del nacionalismo catalán sea también uno de los mayores corruptos? ¿Nos sorprende que su “hijo” político, Artur Mas, se halle no sólo inhabilitado para ostentar cargo público, sino inmerso en un proceso judicial por corrupción y financiación ilegal de su partido, ése que cambia de siglas como cambia el viento?

Yo me encuentro dividido interiormente entre el asombro por la efectividad de las campañas de manipulación de la Generalidad, y el desconcierto que me causa el borreguismo de tantos catalanes que se tragan las mentiras sin el menor remilgo.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Enviar a la Guardia Civil? ¿Invocar el 155? ¿O seguir mareando a los jueces porque, efectivamente, no hay huevos? Pues los de la CUP seguro que los tienen. Para liquidar las leyes que se les pongan por delante a base de violencia, cinismo y anarquía. Pregúntenle a Pérez Reverte qué piensa que se debería hacer.

Hay que mandar a la Guardia Civil porque durante muchos años no mandamos a un inspector de educación o cedieron a chantajes para mantenerse en el poder. Sí, esas cosas se pagan caras, y ahora cuesta aceptarlo.

Ya tenemos nuestra propia Yugoslavia. Dejen que siga el yihadismo catalán formando mujaidinets para que la próxima generación esté dispuesta a matar para liberarse del insoportable yugo castellano. Porque eso, y no otra cosa, dicen los comentaristas del Avui, y trufan las frases de más mentiras, porque ya da igual. Después de decir mil, una más no pasa nada.

Tiene gracia que a España le llamen “el yugo castellano”  como si no hubiese más regiones en nuestro país que ésta, que a esplendor no le gana casi ninguna, pero donde seguimos siendo españoles de a pie, gente normal y corriente, de la que quiere unirse y no desunirse.


Añadido el 11/09
En este artículo se resumen muy bien las responsabilidades de los gobiernos que han desembocado en la actual situación.

Añadido el 22/09
Un ejemplo de las mentiras de Puigdemont, explicadas.


El Blog de Juan Presa