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V 24/03/2017

Encarna y la soberanía

A Encarna la quiosquera se le han hinchado las narices y ha decidido participar en política, ejercer la soberanía popular. Está a punto de cerrar el kiosco porque ya no se vende tanta prensa ni chuches. La economía va fatal y hay mucha corrupción, no hay más que leer el periódico, así que quiere hacer algo al respecto.

Encarna lee poco, apenas algunas revistas del corazón y algún diario que hojea mientras espera clientes en el kiosco. Y a veces llega alguna revista rara o un libro que regalan. Eso sí, ve mucho la televisión y el informativo de la Sexta.

Se ha apuntado a un partido nuevo donde le dejan participar y votar por Internet. Ya era hora de que la gente humilde como ella tuviese voz y capacidad para decidir. A veces discute con su Paco pero en general están de acuerdo: es la hora de que gobierne el pueblo llano, que son los que sacan adelante el país. 

Últimamente se le está complicando la participación. Los de su partido hacen consultas por Internet y le preguntan de todo, y su hija Jessica le enseña a entrar en la página con la contraseña y navegar por los menús. Pero ella no sabe gran cosa, bueno, para qué mentir, no sabe nada de tratados internacionales, ni de macroeconomía. Tampoco entiende mucho de reformas laborales, pero en una charla le dijeron que la que hay es mala. Era un chico muy inteligente, que hablaba muy bien, con mucha seguridad y aplomo, uno que defendía a los pobres y a los trabajadores como ella, uno que se metía con los ricos. Alguna razón tendría aquel chico, si a su marido le mengua el sueldo cada año y a su padre cada mes le cunde menos la pensión, mientras que por la tele desfilan los millonarios y los famosos.

No debe de estar tan descaminado. Además el chico ése defiende siempre a las minorías y a los más desfavorecidos, y dice que ella, Encarna, como mujer, tiene derecho a hacer lo que quiera, derecho a decidir sobre su propio cuerpo y asegura que se ha acabado el Patriarcado, que significa que los hombres quieren mandar en todo. Eso le encanta, por si al Paco le da por ponerse bruto. Paco es el Patriarcado, pero no ejerce mucho no sea que le manden a dormir al sofá. Encarna también piensa que hay que vivir y dejar vivir, y que cada uno haga lo que quiera. Eso es la libertad.

Menos mal que en el partido tienen gente que sí saben de lo que hablan. Les explican lo de las leyes, cuáles son las buenas y las malas, lo que les conviene y lo que no. Ella y su marido no tienen por qué saber de todo, porque el chico que habla bien ya les explica más o menos y les saca las conclusiones y así saben lo que tienen que votar.

Ya era hora de que el pueblo hablara. Ya era hora de que hubiese más libertad. Encarna se siente, por primera vez, protagonista.


El Blog de Juan Presa