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X 17/10/2018

Grave peligro de las redes sociales

Las redes sociales, tal y como están planteadas actualmente, son altamente nocivas para una gran mayoría de sus consumidores. Me refiero a Facebook, Twitter e Instagram. Ya son muchas las voces que se han alzado contra las redes, pero no parece que las advertencias y alarmas estén sirviendo de mucho. En Francia se han prohibido los móviles en el instituto. Es un paso adelante, aunque, ¿se está explicando el por qué de la prohibición? ¿Es sólo un capricho de cuatro carcas? En España y en otros muchos países se sigue tolerando su presencia en el aula y el embobamiento por las infinitas posibilidades del móvil sigue arrasando en las mentes de todos nosotros, adultos de todas las edades.

El hecho de que la mayoría de los niños, y digo niños, no ya adolescentes, tenga en sus manos un móvil inteligente tipo iPhone o Note de Samsung o similar, es verdaderamente preocupante, por no decir catastrófico. El daño que van a hacer estos aparatos al desarrollo de esos niños aún no se ha mostrado con claridad, pero lo veremos en unos pocos años.

Seguro que ese daño será también ocasión de aprendizaje, como todos los golpes, pues de todo se aprende. Pero no creo que les compense ni que sea necesario.

La investigación y la técnica que se han dedicado desde hace años a la neurociencia y al marketing así, peligrosamente unidos, han dado como resultado las estrategias más efectivas jamás vistas para engañar al público en beneficio de unos pocos.

Estas técnicas de persuasión y manipulación están tan perfeccionadas que asustan. Como en otros ámbitos, el objetivo no es el bienestar de sus destinatarios, sino justamente lo contrario. En realidad, el bienestar da exactamente igual. Lo que importa es el resultado económico.

La obscena obsesión adolescente por el protagonismo y la imagen, por la notoriedad y la fama, está creando insatisfechos crónicos, pues dejan en manos ajenas su autoestima, al alcance del primer imbécil desalmado que se cruce en su camino. La necesidad de estos chicos de obtener los famosos “likes”, de seguidores y de comentarios para mantener su tono vital positivo raya en lo patológico. Viven literalmente pendientes de un estúpido aparato con una pantalla.

Uno de los pocos intentos de racionalidad ha venido de Apple, que ha incluido una aplicación en su última versión de sistema operativo móvil, que mide el tiempo de uso del aparato y de sus apps. No es que solucione gran cosa, pero al menos dirige la atención hacia lo que de verdad importa.

Lo más valioso que tiene el ser humano es su tiempo, y las redes sociales pretenden acaparar atención y tiempo de sus víctimas, enganchándoles con la droga más limpia y sibilina jamás inventada. Los minichutes de endorfinas producidas con la interacción con los móviles. Con la fantasía de que lo más importante de nuestra vida proviene de las notificaciones de un móvil, la esclavitud está servida. El móvil manda, literalmente. Manda tanto como aquellos que han conseguido nuestro consentimiento para enviarnos notificaciones en cualquier situación y hora del día.

Esto con respecto a la acaparamiento del tiempo y la atención. Lo malo es que esto es sólo el principio. La lista de maldades es larga: manipulación de todo tipo (política, ideológica, antirreligiosa y pseudo-religiosa, sexual), falta de ejercicio físico y todas las enfermedades que lleva aparejadas, falta de socialización adecuada, idiotización, polarización y creación de sentimientos negativos. Es una puerta de entrada a todo, absolutamente todo lo que en el mundo existe, y bien sabemos que lo que más se ve y hace ruido es lo malo.

Soy consciente de las cosas positivas que ha traído el móvil inteligente y las redes sociales, pero hoy pretendo dejar claras las malas, porque son muy malas y no se “redimen” con las ventajas, al menos mientras los métodos y filosofía de estas plataformas sean las que son. En realidad son víctimas de su propio interés económico. Necesitan generar beneficios y para eso llegan demasiado lejos.

Hago una exhortación casi desesperada: hemos de ser conscientes del peligro detrás de las redes sociales, y tomar acciones para contrarrestarlo, tomárnoslo en serio, en especial los padres y profesores, pero también todos los que usan intensivamente el móvil. Nadie está a salvo de estos peligros, y el daño es enorme.

No quiero terminar el artículo sin dar soluciones. La solución, en mi opinión, se compone de cuatro acciones: primero, tomar conciencia del problema en su magnitud; segundo, hacer un esfuerzo consciente y disciplinado para limitar el tiempo que estamos frente a la pantalla del móvil, darnos cuenta de que la mayoría si no todas las aplicaciones están pensadas para mantenernos más y más tiempo usándolas; tercero, configurar el móvil para facilitar el "desenganche", dejando a la vista sólo las aplicaciones estrictamente necesarias para un objetivo concreto (buscar una dirección en Google Maps, consultar el correo...), y escondiendo las que usamos sólo por curiosidad, para matar el tiempo; y por último, dejar conscientemente tiempo para pensar, para hablar con otros, salir, hacer deporte, etc. sin pantallas.

Yo, por ejemplo, opté por poner mensajes claros escritos en letras grandes como fondo de pantalla. En uno dice: Por mucho que mires el móvil no vas a ser más feliz. Está en mi cuenta de Instagram. Y en el fondo de escritorio del inicio puse un dibujo con una jeringuilla que se titula "droga digital", donde hay una especie de reloj surrealista que se licúa en gotas, una metáfora del tiempo malgastado.

Y tú, ¿qué vas a hacer para defenderte?




Vivir conscientemente