Otras entradas

Blog

J 31/08/2017

Guerrilla santa

El terrorismo islamista ha desembarcado definitivamente en España. Los medios y analistas, después del tradicional tiroteo partidista, se afanan en encontrar razones para la barbarie y la matanza de inocentes y relatan la, al parecer, desafortunada gestión del caso por parte de los Mossos, cuyo director está a otras cosas. Y causas, que no razones, para el terrorismo ha de haber, pero no tienen nada que ver ni con la lógica ni con el sentido común occidental. Aunque cuando ETA hacía su particular yihad a la vasca tampoco había ninguna justificación para asesinar, porque no existe tal cosa. Religión, Patria, Honor, Pueblo, Etnia, Justicia, Libertad, grandes principios traicionados y usados al servicio del interés particular, prostituidos. El ser humano es especialista en tergiversar, retorcer y utilizar las grandes causas en beneficio de sus miserias. Así, miles de personas en el País Vasco aún defienden el asesinato y el linchamiento en nombre de esas mismas palabras grandilocuentes. No tienen la más mínima idea. Nadie que opta por la violencia o calla ante ella sabe de libertad. Quienes han llegado a esa frontera carecen de cualquier moral que se digne de serlo.

Pues bien, como era de esperar, durante la manifestación de Barcelona supuestamente en protesta por los atentados y en apoyo a las víctimas, los separatistas demostraron de nuevo quienes son y su catadura moral, utilizando la manifestación para sus fines y obviando la razón de ser de la misma y el respeto debido a las familias. Dejémosles, no tienen remedio.

A estas alturas lo que de verdad nos interesa es qué hacer con respecto a la amenaza radical. ¿Es el Islam el culpable? ¿Debemos claudicar y aceptar, como reclaman algunos, que el Islam es una religión violenta e incompatible con los valores europeos, cualquiera que sean éstos?

¡Qué difícil es llegar a conclusiones en la era de la posverdad! Si los hechos y conocimientos en que nos basamos para analizar la realidad se difuminan bajo la enorme nube de mentiras, éticas extrañas, inexactitudes, manipulaciones y tonterías vertidas sobre la opinión pública a golpe de ratón. Pensábamos que con la era de la información llegaría la libertad y, ay, llegó el yugo de la posverdad.

¿No conocemos a musulmanes pacíficos e integrados? Desde luego que sí. ¿En qué debemos basarnos para analizar el Islam, en sus practicantes (que se dividen en ramas tan antagónicas que luchan entre sí a muerte) o en sus principios digamos vigentes? ¿Quién decide lo que es o no es el Islam? No hay portavoz mundial como podría ser el Papa.

Así de movedizo es el terreno del análisis. El peligro radica en el grado de fidelidad e interpretación de los musulmanes de la parte violenta e intolerante de sus tradiciones, algo poco medible.

Es muy fácil hacer tabla rasa y decir que los musulmanes son malvenidos en Europa. El clásico justos por pecadores, tan práctico como injusto. También es muy fácil (y es lo que han hecho nuestros gobiernos centrales) seguir mirando para otro lado mientras algunos ejercen la manipulación y inoculan el odio, ya sea al infiel o al charnego. O ayudar a regímenes salafistas por intereses económicos.

En Cataluña llevan manipulando un par de décadas, como poco, y ya tenemos el resultado. Algunas mezquitas no se quedan atrás. ¿Dónde termina el rito religioso y empieza el delito de odio? Porque odio es planear masacres o la invasión neomedieval con tecnología posmoderna. La división entre política y fe que Cristo zanjó con aquello de “al César lo que es del César”, que a los cristianos les llevó algunos siglos digerir, esa división nunca existió para el profeta musulmán, que consideró a Estado y Religión como dos caras de un bloque indistinguible, inmutable e indiscutible. Violencia institucionalizada, fascismo religioso. Qué diferente era Al-Andalus a lo que los catetos de DAESH han hecho por donde han pasado. Sus califas se sonrojarían al ver lo que sus supuestos hermanos del siglo XXI, cándidos chavales sin más cultura que la repetición de versos inmisericordes y decapitaciones caprichosas, han dejado a su paso.

En sentido estricto hay principios vigentes en las leyes islámicas indudablemente violentos y contrarios a la libertad y a los derechos humanos, que defendemos en Europa y que les costaron tan caros a nuestros ancestros. Esa libertad que aprovechan para moverse impunemente quienes la quieren destruir movidos por un absurdo conjunto de leyendas.

Está claro que no todos los musulmanes siguen esos preceptos. Así que no hay solución sencilla sino seguir luchando policialmente contra la difusión del terrorismo, educar al ciudadano y promover la inserción cultural y económica de los inmigrantes en la sociedad. Quizá las autoridades musulmanas, si las hay, deberían hablar más firmemente en contra del yihadismo militar, aclararles lo que Alá, o como queramos llamarle, ha hecho, hace y hará con los terroristas.

Entre tanto, un poco de portinc, por y preocupació por lo que el responsable de los Mossos tiene dentro de la cabeza, puras esteladas, delirio étnico y fantasía patrioide. Y por la cosecha que siguen recogiendo los lavadores de cerebros, cuyo camino tan bien han allanado los que día a día sueñan y trabajan por destruir el germen del cristianismo, que es puro Amor y el mejor antídoto contra el odio. Si el cristianismo os parecía malo....



(Corregido a 4/9/2017)

El Blog de Juan Presa