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J 28/09/2017

La solución al problema catalán

He dado un paseo por los medios catalanes y he visto TV3 durante un rato largo. La verdad, es descorazonador. Si esta máquina de falsedades emite todo el día y lo multiplicamos por los años que el independentismo ha controlado el discurso, comprendo perfectamente la reacción de mucha gente en las calles, agitando su estelada recién inventada y repitiendo los mismos mantras que repite el Gran Germá.

El franquismo reprimió la lengua catalana y sus instituciones regionales (pareciera ahora que quizá con cierta inteligencia, pero no) y lo hizo de cara, por la fuerza, sin mentir. La autoridad aplastaba cualquier opinión contraria. ¿Quién iba a imaginar que el nacionalismo catalán haría exactamente lo mismo, pero por debajo de la mesa, con el añadido del engaño? El actual monodiscurso político catalán se parece mucho al franquista, es una especie de neofascismo catalán. Se inculca en los colegios el patriotismo catalán, pero con un añadido: el desprecio al resto de España. Raro es que no les obliguen a cantar Els segadors antes de empezar la clase, aunque les obligan indirectamente a ir a manifestaciones proindependentistas, imitando a, por ejemplo, Corea del Norte o Cuba.

Desde los platós de TV3 se repiten minuto a minuto las mismas tonterías, las mismas falsedades, sin que nadie haga nada para evitarlo y alimentando la inexorable manipulación de millones de personas. Uno se pregunta, ¿estamos condenados a asistir, impotentes, a la repetición de los mismos errores que la Historia nos ha enseñado? ¿Se repetirá la misma sinrazón vivida hace 80 años que nos llevó a una tragedia como una guerra civil cuyas heridas aún no han terminado de cicatrizar? Y en aquella ocasión, repito, los líderes iban mucho más de frente. Hoy están llenos de dobleces y medias palabras. 

El independentismo está intentando que el referendum ilegal se parezca lo más posible a un referendum, aunque carezca de garantías. Sólo quieren la foto de los guardias quitando urnas y cargando contra las provocaciones que ellos mismos se encargan de impulsar. Así, se victimizan de sus propias acciones. El resultado o las garantías les traen sin cuidado. Es sólo una excusa para seguir adelante con su hoja de ruta profundamente autoritaria.

El gobierno intenta mantener un perfil relativamente bajo y evitar enfrentamientos, pero no lo va a conseguir. Estamos ante gente que sabe perfectamente cómo montar el espectáculo mediático y seguir manipulando con el material que obtiene de la representación. No hay nadie ni medio brillante en el lado estatal para actuar con la suficiente inteligencia y contrarrestar el ataque informativo.

 

¿Qué debería hacer el Estado?

Seguir adelante con el cumplimiento de la ley. Arrestar y denunciar a todo el que desobedezca. Todos ellos han de sufrir el peso de la ley, responder ante ella por sus actos, empezando por los líderes de las algaradas, los que siguen apoyando el referendum ilegal aprovechando las instituciones y cargos públicos que han jurado o prometido lealtad a la Constitución.

Suspender la autonomía de Cataluña y empezar a desmontar el aparato propagandístico y adoctrinador del independentismo. Garantizar el regreso a la ley (respeto del español como idioma cooficial, y profesores que no adoctrinen), poner al mando de TV3 a profesionales independientes, y evitar la compra ideológica de medios afines al régimen secesionista.

Aprobar una ley que persiga implacablemente la difusión de contenidos claramente manipuladores contra el honor del Estado español o que construyan discursos de odio, xenofobia, o falseamiento de la Historia. Esto último, concretamente, ha de perseguirse desde ya, inspeccionando los contenidos y curriculos de los colegios catalanes.

Organizar foros de diálogo en Cataluña, pero moderados de forma independiente y donde tengan voz los no independentistas. De esta manera, razonando, se podrán desmontar poco a poco las mentiras de base.

Una ley que controle e impida la compra ideológica de la prensa.

Y por supuesto, centralizar la educación, que es una cuestión de Estado. Dejarlo en manos de las autonomías es un error que nos está costando muy caro.

Sin esto, que entiendo es muy complicado de conseguir, no podremos parar esta sinrazón, y de nuevo habrán ganado los mentirosos, los de siempre, los que en la sombra causan los conflictos que asolan el mundo, por intereses particulares y a causa de su corrupción personal y colectiva.

Actualización del 13/11/2017: Ignorante yo que me tragué también que el franquismo prohibió la lengua catalana. Parece ser que es otra de las mentiras de la nova historia.


El Blog de Juan Presa