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J 1/03/2018

Las fronteras del arte

Vuelve el viejo debate sobre cuáles son los límites de la libertad de expresión. Por supuesto, me declaro a favor de la libertad de expresión y artística, pero estoy convencido de que muchas obras y expresiones que se venden como artísticas son, en mi modesta opinión, dañinas. El ejemplo más claro es el reguetón. Algunas de esas canciones, aparte de infumables, son pornográficas y la pornografía es destructiva. En serio, lo es, sobre todo a ciertas edades. Esto lo ha dicho la Iglesia desde siempre, pero a muchos les parecerá una ñoñería hasta que lo afirme un sesudo estudio de la Universidad de, pongamos, Bath. Que seguro lo hay.

Por lo tanto, no creo que haya que “censurar”, pero sí derecho a filtrar lo que se ofrece a ciertos públicos de forma masiva, porque mientras desde la escuela y las familias se intenta educar en valores, estas “expresiones artísticas” se dedican a lo contrario. Lo mismo que en ciertas escuelas catalanas se deseduca inculcando el rechazo a todo lo español y adoctrinando en el más puro estilo del Movimiento Nacional, o peor.

Con la milonga del contexto artístico hay una corriente de opinión muy fuerte que defiende el todo-vale en el arte. Cualquier idea de censura se considera una catástrofe cultural sin precedentes. Y llaman censura a quitar unos cuadros de una exposición internacional. Otros muchos han sido “censurados” por no alcanzar, suponemos, un mínimo de calidad, pero éste es el importante. ¿Quién podrá demostrar que es por una o por otra razón?

Me imagino el papelón de los responsables de Arco, aquella mañana. ¿Dejamos que los tentáculos de la estupidez independista utilicen la exposición como plataforma internacional para alimentar su posverdad, o nos exponemos a que nos acusen de censura y de reaccionarios castradores de la expresión artística, enviados de un gobierno autoritario? Después de haber escuchado las absurdeces que ya les han llamado (franquistas, golpistas, violentos, represores…) ¿qué importan algunas más? Yo creo que hubiese retirado la obra, por más que no coincida en casi nada con la señora Cifuentes. Porque no se trata de censurar una obra de arte, sino de desmantelar un truco de propaganda que sólo pretendía hacer negocio. 

Tiene mérito denunciar las injusticias mediante el arte, pero es deleznable utilizar el arte para difundir infundios.

El asunto coincidió con la condena al rapero Valtonyc. ¿Insultar y desear la muerte (por más que sea en un contexto de rap) es libertad de pensamiento? ¿Qué cambio o teoría social promueve el insulto o el deseo de matar? Desde luego que la cárcel me parece excesiva. Con una multa o la prohibición de difundir las canciones en medios de comunicación sería más que suficiente. Y si no cabe sanción ninguna, ¿no deberíamos entonces aceptar las letras obscenas, machistas, violentas e indignas del reguetón y, por tanto, que cada vez más adolescentes las asuman como propias sembrando las semillas del futuro maltrato? Pero no veo que a ésas se les aplique la misma regla. Gastamos millones en medidas de sensibilización y campañas educativas para que estas canciones, mucho más efectivas, deshagan lo hecho. No sé. No le veo la utilidad ni la lógica. Más bien lo considero del género tonto.

El rap o cualquier expresión artística (y en esto habría mucha tela que cortar para distinguir las expresiones artísticas de las simples expresiones) son también comunicación. Y la comunicación influye en la opinión, y la opinión guía la democracia. Por ello es importante que lo que se dice dé lugar a responsabilidades.

El arte sirve para decir cosas que no se pueden decir de otras formas; conecta, de hecho, con nuestra parte más emocional. Es más potente que el discurso periodístico o político. Sería, a mi modo de ver, tan irresponsable limitarlo con la censura como darle carta blanca.

Me viene a la cabeza el caso del autobús de Hazteoír. Aquel mensaje fue mucho más suave que las letras de Valtonyc pero el contexto no era artístico. ¿Es más ofensivo decir que los niños tienen pene que desear que explote un autobús (otro) del PP o la muerte del Rey? Así estamos.

En lo que respecta a la obra de Santiago Sierra, no alcanzo a ver su lado artístico. Esto no iba de libertad, sino de notoriedad y propaganda, y a lo mejor también de hacer un buen negocio. Los 80.000 euros ofrecidos por la “obra” según la prensa dicen mucho.

Quizá este es el mensaje que nos podemos llevar de las últimas condenas referentes a la libertad de expresión: que no vale todo.


El Blog de Juan Presa