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X 7/03/2018

Mi partido político

Tengo un sueño: que algún día aparezca un partido político verdaderamente distinto con suficiente respaldo social. Hoy me he dicho a mí mismo, creémoslo ahora mismo, gracias a la omnipotencia de la imaginación. 

Mi partido tendría las siguientes prioridades:

– Dejaría los sueldos de los diputados al nivel del sueldo medio. Les quitaría todo aforamiento y les obligaría a justificar todos los gastos y dietas, para que sólo pudiesen gastar en actividades propias de su cargo. Les obligaría también a atender al público de su jurisdicción durante un tiempo a la semana, a asistir al Congreso a todos los plenos, so pena de despido si no lo hicieran. Suspendería la obligación de votar siempre lo que diga el partido. ¿De qué sirve pagar a 350 señores si no se les permite pensar de forma individual?

– Suprimiría el Senado, el Consejo de Estado, los sueldos vitalicios para todos los diputados, senadores, ministros, y esto multiplicado por todos los organismos autonómicos. 

– Lucharía de verdad contra la corrupción de las grandes empresas y partidos.

– Duplicaría los recursos de la Justicia.

– Quitaría la mayor parte de subvenciones a los partidos políticos y facilitaría la entrada de nuevos partidos. Los mitines son actos muy caros y absolutamente prescindibles habiendo Internet. Anularía también la publicidad institucional y de partidos políticos, que tendrían unos cauces determinados para publicitarse. Tanto los nuevos como los existentes tendrían oportunidad de presentarse a las elecciones en igualdad de condiciones.

– En cuanto a la ley electoral, haría listas abiertas, y circunscripción única. Los contrapesos para defender la voz de las zonas menos pobladas los aplicaría desde otros ámbitos. Al final, la ventaja que se les da a esas zonas se está utilizando no para defender el mundo rural o de las pequeñas ciudades, sino para favorecer regionalismos y nacionalismos.

– Establecería verdaderas prioridades: educación, sanidad, pensiones, pobreza. Todo lo demás estaría supeditado a esto.

– Suprimiría gran parte de la Administración pública (duplicación de organismos provinciales, regionales, nacionales….).

– Quitaría el blindaje del funcionariado. Los funcionarios no serían intocables, y su trabajo estaría sujeto a controles de eficiencia y expuesto a la opinión del público usuario.

– Subiría el salario mínimo a una cantidad con la que se pueda vivir de verdad. Por lo menos 800 o 900 euros.

– Establecería controles reales e independientes en el uso de los recursos públicos a todos los niveles de la Administración.

– Obligaría a Hacienda y al resto de las Administraciones a explicar con claridad y a hacer accesibles todos los trámites (declaración de Hacienda, por ejemplo), en lugar de hacernos trabajar para ellos.

– Nacionalizaría parcialmente los servicios esenciales: agua, red eléctrica, red ferroviaria, carreteras, acceso a Internet de banda ancha para todo el territorio sin excepciones, suministro de carburantes y gas, energía. Apostaría por las energías alternativas, limpias (viento, sol, agua, geotérmica, fisión nuclear, etc). Tiene que haber un servicio básico de todos estos sectores que sea asequible, de calidad y universal. Las compañías privadas podrían completar la oferta. Otra opción sería obligar a las compañías privadas a dar unos servicios básicos a precios razonables. Lo que no es de recibo es que las grandes fortunas de este país se estén fraguando en torno a estos servicios esenciales, a costa de los curritos.

– Simplificaría los contratos laborales en dos o tres, como mucho.

– Crearía una agencia de empleo de verdad, no lo que tenemos.

– Anularía todos los conciertos forales privilegiados (vasco, navarro, catalán, etc.). La igualdad de derechos de los ciudadanos es incompatible con estos marcos legales.

¿No es bonito soñar?

Vivir conscientemente