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J 16/03/2017

Obstinación

¿Nos interesa saber la verdad? Cada vez estoy más convencido de que no. Me encuentro con mucha gente que no quiere oír otra cosa que lo que ya piensa, que lo refuercen en sus ideas, que le den la razón. En ese contexto, ¿qué sentido tiene escribir sobre política, explicar lo que pasa o investigar la verdad?

Si los que utilizan la mentira sin escrúpulos consiguen además que nos la creamos a pies juntillas y la hagamos nuestra, la batalla está perdida. Da igual que nos muestren pruebas muy claras de nuestro error. Decimos que son mentiras, informaciones sesgadas, tendenciosas. Y lo decimos sin más, opinamos porque tenemos derecho a opinar lo que queramos. Aunque no tengamos ninguna prueba o aunque nos prueben lo contrario. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Lo triste de las mentiras actuales es que están recubiertas de supuestas buenas intenciones. Apelan al buen fondo de todo ser humano. La gente normalmente tiene buenos sentimientos (así lo creo) y si le dicen que defienda algo porque beneficia a tal o cual colectivo vulnerable o marginado, lo hará y lo defenderá con uñas y dientes. El método complementario es, además, malmeter en contra del adversario, adjudicarle el monolopolio del odio.

La prensa y las redes sociales abusan de los zascas y las exageraciones. No es extraño que nos cansemos de tanta división, de palabras que buscan ridiculizar al otro, o la pirueta dialéctica, más que el fondo de la cuestión. 

Muchos lectores se informan en medios que ellos consideran “fiables” cuando lo que quieren decir es que son de su ideología. Otros consideran que ninguno es fiable. En España hay muy pocos medios fiables, se cuentan con pocos dedos. La única manera de conseguir una visión clara es leer varios, de distintas líneas editoriales, y que sean de los verdaderamente fiables. Hay modos de saber si alguien tiene credibilidad. Uno es la motivación: el profesional que escribe ¿es independiente o le paga alguna parte interesada? ¿Siempre da la razón a los mismos o no tiene pelos en la lengua para criticar a unos y a otros?

Al final el público se cansa, y sólo lee sobre temas sin importancia, detalles cotidianos, recetas de cocina, trucos de casa, viajes y paisajes, fotos bonitas, vídeos de gatitos. Ese es parte del objetivo. El poder quiere súbditos sin sentido crítico, ignorantes.

Sin embargo, la política influye en nuestras vidas, lo controla casi todo. Si nos desentendemos de la política estamos perdidos.

En la época de los hechos alternativos, las noticias falsas, el ruido y la ignorancia, la verdad importa poco. De hecho, se considera que no existe. Cada cual reclama la suya, aunque no tenga el menor sustento lógico o factual.

En estas condiciones tenemos dos opciones: el desinterés y repetir los patrones pasados, quedarnos con lo que siempre hemos pensado, tengamos o no razón, haya o no haya cambiado la realidad; o molestarnos en saber la verdad con la mente siempre abierta a aprender y rectificar.


Vivir conscientemente