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S 7/04/2018

Ordenamiento jurídico a la carta

Con la libertad condicional y la decisión del Tribunal del estado alemán de Schleswig-Holstein sobre Puigdemont se pone de manifiesto una cierta inoperancia de la euroorden y el espacio de justicia europeo, otro más de los ámbitos en que la UE sigue siendo un pastiche, un collage de naciones. Si la justicia de un país de la UE puede decidir sobre la de otro por el mero hecho de que su código legal se parezca más o menos, o como en este caso, sea idéntico, no estamos ante una colaboración, sino ante una limitación, o sea, intervención, o dicho de otro modo, corrección improcedente. ¿No se afirma en la UE que hay una armonización de los derechos y libertades de los europeos? ¿No se basa en eso la libre circulación de personas dentro de sus fronteras? Lo grave es que Puigdemont y compañía pueden haberlo tenido muy en cuenta a la hora de emprender su revolución de las sonrisas heladas, con lo que Europa y su libre circulación termina sirviendo de coartada a presuntos delincuentes. Y no hablamos de robos de poca monta, sino de una rebelión para romper el territorio de un país, eso que cuando ocurre en Ucrania escandaliza terriblemente a todos los gobiernos occidentales, pero que, por lo visto, si pasa en Cataluña despierta simpatías aquí y allá, y si no se verbalizan las simpatías, por lo menos se dejan notar con decisiones como la de la Audiencia territorial alemana. La diferencia son los tanques y las tropas. Como si los secesionistas catalanes fueran idiotas, y nosotros más.

¿Qué es más efectivo, pretender cambiar el gobierno de Estados Unidos enviando tanques, o contratar a Cambridge Analytica y provocar el cambio con noticias falsas y una campaña en Facebook? Pues la misma respuesta vale en Cataluña. Si vamos a validar ese tipo de estrategias sólo porque no se han disparado armas de fuego (la violencia que por lo visto pide la Audiencia del lander alemán) o porque el Estado no ha tenido que claudicar (que sería el colmo) ya tenemos el butrón abierto para dejar el paso libre a los secesionismos y cualquier movimiento “no-violento” con las peores intenciones posibles.

El presunto delito de Puigdemont se habría cometido en España, bajo la ley española. ¿Por qué tiene que venir la justicia alemana a enmendar la plana al Supremo español? ¿Qué es esto? ¿Supervisión jurídica?

Nótese que el CNI eligió Alemania como el país más “cercano” legalmente a España, donde la tipificación de los delitos se parece más. ¿Y este es el resultado? No quiero imaginar la sensación de frustración y enfado que ha podido sentir el juez Llarena ante la intromisión alemana. Para qué comentar el tema belga, que raya en lo indigno.

Me temo que empieza a haber mucho que hablar en cuestiones de Justicia en la Unión Europea, y si la libre circulación es esto, yo estoy en contra.


El Blog de Juan Presa