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L 27/02/2017

El peligro de desplome de la democracia

No podemos dormirnos en los laureles de la paz y el bienestar. En España llevamos casi cuarenta años de libertades, y en Europa, gracias a la UE, más. Nos hemos acostumbrado a lo bueno, y se nos está empezando a olvidar lo que costó lograrlo. Quienes vivieron los violentos comienzos del siglo XX ya han muerto. Ya no pueden recordarnos lo que no debemos hacer.

Internet fue un salto gigante de la libertad de expresión, una revolución a nivel planetario. Sin embargo, la aparición de las redes sociales (Facebook y Twitter, principalmente) y la deriva que han tomado constituyen ahora una amenaza más que evidente para la convivencia democrática y pacífica en Europa y en el mundo. Lo que ocurre en el país más poblado del mundo (aunque sea virtual) nos importa y mucho.

El problema no son las redes sociales en sí, por supuesto, ni Internet. El problema es que los de siempre se las ingenian para utilizar esos medios (y los que estén a su alcance) en favor de sus objetivos, sean políticos (poder) o económicos (dinero).

Los dos últimos procesos electorales más influyentes, Brexit y elecciones presidenciales de EEUU, marcan el comienzo de lo que podríamos llamar la tiranía de la ignorancia y el ruido. En ambos procesos ha intervenido la misma empresa, Cambridge Analytica, que a resultas de la investigación de un sólo científico (ahora arrepentido de ver la aplicación que se le está dando) es capaz de recoger, interpretar y utilizar certeramente la enorme cantidad de datos de las redes sociales (los tan famosos Big Data) para planear, dirigir y personalizar el marketing político, es decir, la propaganda.

Antes que ellos ISIS/DAESH ya había logrado éxitos impensables: convencer a jóvenes occidentales de que fuesen al desierto a morir matando, violando, decapitando y degollando por el camino, o que volviesen a sus países a matar a sus vecinos (ahora convertidos en infieles) en nombre de una religión que es básicamente invención suya. Ya entonces podíamos intuir lo poderosas que son las redes sociales, tanto para bien como para mal.

Quizá sea pueril recordar que en estos procesos la ética y la moral ni están ni se les espera. No hablo ahora de ISIS, sino de los agentes privados y públicos occidentales que empiezan a cogerle el tranquillo. Sus community managers están dispuestos a todo, incluido mentir, manipular y falsear por unos cuantos millones de dólares o por los objetivos que sean. Lo importante es arrastrar a las masas a toque de "like".

Lo malo es que les está funcionando. Lanzan mensajes populistas, se presentan como diferentes y auténticos, los salvadores, fuera de la casta política. Saben exactamente lo que quieres oír, ver y leer. Saben lo que te gusta, en quién confías, por qué.

Divulgan noticias falsas erigiéndose como informadores alternativos y acusan a los medios tradicionales de mentir inventándose teorías conspiratorias. Son prágmáticos, dicen defender al pueblo. Hablan un idioma alejado de toda complicación y de la jerga de los políticos. Vocabulario que un colegial de primaria entendería perfectamente. Su objetivo es simplificar las cosas hasta quedarse con la emoción, lo que le llega a la gente al corazón. Ya no se atienen a hechos. Por eso crean los hechos alternativos, los que a ellos les interesa según las circunstancias. Mezclan una parte de verdad con nueve de mentiras, y te tragas el jarabe sin pestañear.

Y la gente está mordiendo el anzuelo. Nuestras democracias peligran ante el ataque de extremistas y nostálgicos de unas ideologías que hace cien años dieron lugar a dos guerras mundiales. Aunque tampoco crean que esto va de idealismos. Magnates como el Sr. Trump sólo quieren más pasta y seguir alimentando su ego.

En Reino Unido, la mitad que no votó Brexit todavía está recuperándose de la tragedia que supone desmantelar treinta años de colaboración europea. A muchos aún les cuesta creerlo. ¿Cómo es posible que esas ideas triunfen en 2016? Pues lo hacen y no de forma espontánea. Aún no se sabe el alcance de ese divorcio. No será una catástrofe. Catástrofe es que millones se mueran de hambre en Sudán. Será simplemente un futuro más sombrío, con más dificultades. La lección que nos enseña el Brexit, igual que la llegada de Trump, es que lo que parece increíble puede suceder, y si no hacemos algo para evitarlo, sucederá.

La catástrofe es también que finalmente han dado con un método para engañar eficazmente a las masas contrarrestando los vientos frescos que levantó Internet en sus principios. Con este arma (la propaganda virtual especializada) la democracia se convertirá en la tiranía de quien posea estos medios, que no son otros que los que pueden pagarlo y carecen de escrúpulos para hacerlo.

La solución es concienciar y formar a la gente para que actúe y se involucre, y eso va a ser tremendamente difícil en este ambiente ruidoso y fragmentado. En ello estamos.

Vivir conscientemente