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X 1/03/2017

Pensamiento único LGTB

Todo indica que la censura está de vuelta, aunque remozada. Ya no se puede emitir una opinión sobre según qué temas. La corriente ideológica mayoritaria (la que se autodenomina progresista) aplasta cualquier disidencia a base de demanda y multa. Con el fin de proteger a determinados grupos (trato en este caso de los llamados LGTB) se dictan normas que pretenden blindar el “respeto” hacia ellos. ¿Respetar es estar de acuerdo con sus ideas o no poder expresar las contrarias?

Hay un acalorado debate sobre la educación sexual, la moral y las costumbres. Se ha pasado de dar visibilidad y reconocer la normalidad de las realidades LGTB, cosa muy cabal para casi todo el mundo, a promover una educación basada en una visión LGTB de la sexualidad. No queda ahí la cosa. No solamente se promueve la visión LGTB (por así llamarla) sino que se prohibe difundir otras visiones de la sexualidad tradicionales (sobre todo la cristiana, que también comparten el resto de las grandes religiones). Aquí se halla, en mi opinión, la grave distorsión. No es lo mismo defender que promover, y mucho menos, prohibir.

No soy en absoluto partidario de las campañas de HazteOír. No me gusta su estilo, pero tienen derecho a expresarse y en muchas de sus afirmaciones tienen razón.

La Ley ya protege a estos colectivos, como al resto. Pretender que una norma prohiba expresarse sobre aspectos muy discutibles y en cualquier caso polémicos de la moral y las costumbres de un país es un ejercicio intervencionista y autoritario, muy parecido a lo que pretenden evitar, sólo que en sentido contrario.


Que no se pueda expresar o difundir opiniones y visiones contrarias a las ideas de los colectivos LGBT es simplemente censura ideológica


El papel de las leyes contra la discriminación es precisamente evitarla, no discriminar al no discriminado, ni desde luego, decidir sobre la moral y las costumbres basándose en criterios discutibles. Nuestro pensamiento no se rige por la ley. Para cambiar mentalidades hay que convencer.

La postura tradicional de la Iglesia Católica, por más que se repita lo contrario, ni atenta ni discrimina al colectivo LGTB ni por supuesto defiende los ataques o gestos hostiles hacia ellos. El que no me crea que se lea los documentos al respecto (Catecismo, encíclicas, etc.). Sin embargo, las organizaciones LGTB no cesan de atacar e insultar a la Iglesia Católica donde y como pueden.

El talante autoritario que está tomando el discurso de los llamados lobbys LGTB raya en la imposición. La gran mayoría social está a favor del respeto, vivir y dejar vivir. Las ideologías son también respetables mientras no atenten contra la libertad y el bienestar de nadie, igual que existe la libertad de expresión y la de conciencia.

Que se actúe en favor de los derechos de las personas LGTB es justo porque son un grupo vulnerable. Estoy a favor de que se las proteja de agresiones, acosos y cualquier tipo de marginación o discriminación. Pero a estas y a cualquier otro grupo vulnerable, no en virtud de su ideología o condición sexual.

Que no se pueda expresar o difundir opiniones y visiones contrarias a las ideas de los colectivos LGBT es simplemente censura ideológica. La misma que en cualquier dictadura. Calificar la expresión de ese desacuerdo como “delito de odio” alcanza el surrealismo. Lo triste es que la Comunidad de Madrid y muchas otras estén optando por esa censura (legal) en lugar de respetar la diversidad.


El Blog de Juan Presa