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L 4/09/2017

Por qué la suscripción en España es un mito

Cuando yo estudié Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, allá por 1993, unos cuantos estudiantes formamos lo que se llamó Coordinadora de Alumnos de Periodismo y decidimos hacer algo para que aquella carrera cumpliera su función y formara periodistas de calidad ya que, en opinión mía y de muchos, no lo hacía. Azuzados por alguna asociación ciertamente politizada, conseguimos darle forma a una propia y que nos adjudicaran un pequeño local. Entonces nos pusimos a organizar jornadas y a publicar. Participamos en algunas mesas redondas de los cursos de verano de la Universidad Complutense, hablamos en la radio, y aparecimos en algunos periódicos. El que escribe consiguió publicar en las primeras páginas del Diario de Ávila, el artículo “Por un periodismo de calidad”, todo un honor para un estudiante de tercero. Y marcamos un hito al llevar a cabo la primera manifestación de periodistas (o debería decir de estudiantes de periodismo) de la historia de nuestro país, en la plaza de Callao de Madrid. El menda con el megáfono en la mano y subido en una valla amarilla, leyendo el manifiesto. Qué ocurrencias.

Igual que apoyé aquellas movilizaciones, hoy sigo apoyando el periodismo de calidad, porque creo que es el verdadero garante de la democracia, porque si no sabemos lo que pasa, difícilmente podremos acertar con el voto. Hoy comprobamos desgraciadamente que la posverdad (es decir, la mentira y el sensacionalismo) toma el relevo a los autoritarismos. Hoy no hay represión ni censura política descarada sino votantes felizmente entretenidos y manipulados. Todo ello gracias a un periodismo enlodado y dedicado a sobrevivir sin ética.

Una de las soluciones que ya en tiempos se proponía para mejorar la calidad periodística, que es parecido a decir libertad económica, fue el aumento de la suscripción. En España siempre ha sido muy baja a pesar de lo ciertamente “leales” que son los lectores a sus medios. La suscripción podría ser una manera de liberarse de la esclavitud de subvenciones encubiertas y del apoyo publicitario de según qué grandes grupos empresariales.

Lo cierto es que sólo hasta hace poco tiempo yo mismo decidí suscribirme a un medio. Me dije, mejor predicar con el ejemplo. Apoyaré al medio que sea digno, es decir, veraz, que no opine en lugar de informar y que respete a sus lectores. Por aquel entonces el señor Rajoy había decidido convencer a quien fuese de la manera que fuese de que Pedro J. Ramírez no podía seguir siendo director de El Mundo. Así que Pedro J. recibió el finiquito, hizo como que se iba a su casa a disfrutar de su acaudalada jubilación y a escribir libros de Historia, y después de un tiempo prudencial, volvió con su proyecto de El Español, digital, sin la dependencia del papel y con fuerzas renovadas para dar puntapiés en el trasero del presidente. Que es básicamente lo que hace.

Allá que me suscribí yo, esperanzado. Y ¿qué me encontré a las pocas semanas? Que las noticias eran cada vez más sensacionalistas, más opinativas, la publicidad más agresiva. Llegó la polémica del autobús de HazteOír, las transexualidades y homosexualidades, y ahí me di cuenta de hasta qué punto los “periodistas” de El Español dejaban claro en sus crónicas lo que tenía que pensar el lector. Fue lo más anti-informativo que he leído en mucho tiempo. Así que escribí un email al periódico y me borré como suscriptor. Me preguntaron la razón y se la di. Y hasta hoy.

Buscando afanosamente encontré a El Independiente que, afortunadamente, es muy objetivo en las informaciones, no cae en los sensacionalismos y no te da la impresión de estar viendo Tele5 en horario de tarde. Da menos información que El Español, pero de calidad.

Hasta que a los dos meses de suscripción me doy cuenta de que, acceda desde donde acceda a leer mi “contenido premium”, me tengo que tragar un vídeo irrelevante de publicidad que me impide ver dos tercios de la pantalla y me atrona con músicas comerciales –que odio, por cierto–, y todo esto después de comprobar que en la publicidad afirman que el suscriptor podrá leer y navegar sin publicidad, valga la redundancia.

Total que, notablemente mosqueado, traté de encontrar una dirección de correo para comentar el asunto, y para mi sorpresa, no existía ninguna. Incluso el enlace de Contacto ni siquiera funcionaba. Así que busqué a su director, Casimiro García Abadillo, y le envíé un email contándole el problema y disculpándome por molestarle con tales asuntos, pero aclarando que no había otra forma.

Y don Casimiro me dio la razón y dijo le pasaría el mensaje al responsable de suscripciones. A partir de ahí, ni me han contestado ni han hecho nada, que yo sepa. Sigo tragándome anuncios infumables en mi suscripción premium, y me pregunto, ¿qué valor le dan los responsables de El Independiente a sus suscriptores? ¿Cómo me puedo sentir yo respetado? Más bien engañado, porque el tema merece una denuncia ante la OCU por publicidad engañosa.

Pues, hasta luego, señores de El Independiente, leeré sus informaciones y me tragaré, puede ser, sus anuncios irrelevantes, a cuyas marcas, les aseguro, no compraré ni un céntimo, pero dejaré de apoyar la suscripción. Definitivamente la prensa española no tiene remedio.

 


El Blog de Juan Presa