Otras entradas

Blog

V 17/03/2017

Por qué soy contrario al aborto

Me he decidido a escribir este artículo sobre el aborto principalmente para tener un lugar al que remitir a quien quiere debatir sobre el tema. Normalmente las conversaciones que tengo al respecto suelen discurrir entre conceptos erróneos de base y leyendas urbanas, todo ello aderezado por la mala educación y la agresividad en casos aislados, en otros la irritación y las caras largas. Así que he decidido no hablar del tema más que cuando no hay otro remedio, les remito a este artículo y cada cual que aguante su vela.

En realidad, no hay mucho que decir que ya no se sepa, pero lo poco que hay que decir es importante.

Hoy día, a todos los "pro-vida" nos consideran de ultraderecha, ultracatólicos, retrógrados y autoritarios. Nada de esto es cierto. Somos la bicha de lo políticamente correcto.

Mi rechazo al aborto no se basa en criterios religiosos. ¿Por qué coincide con el criterio de la Iglesia Católica? Porque coincide, simple y llanamente. La verdad siempre es la misma se mire desde donde se mire. No me extraña que la Iglesia rechace cualquier crimen.

Comencemos con el concepto principal y nuclear de este tema:

¿Es el feto una persona, un ser humano?

En este artículo hay multitud de referencias científicas que demuestran que sí. Son doctores en Biología, Medicina y otras ciencias, de prestigiosas universidades.

No hace falta, de todas formas, mucha ciencia para demostrar que un feto es un ser humano. Todos hemos pasado por ese estadio, todos comenzamos siento fetos. El dejar o no que el feto llegue a nacer depende de la voluntad de la madre y a veces de los accidentes de la naturaleza, pero la vida humana está ya allí y se desarrolla sola, con el apoyo nutricional de la madre. ¿Puede una madre, en el uso de sus "derechos reproductivos" decidir el estatus de "persona" o de "desecho uterino" con su sola voluntad? Me temo que no, por lo mismo que después de nacer no se le permite quitarle la vida a su hijo. El feto es persona por propio derecho, porque su personalidad es un hecho biológico.

El momento de la creación de un ser humano es su concepción, la unión de la célula masculina y la femenina, del espermatozoide y el óvulo. Ahí comienza el proceso. Esa carga genética es la definitiva del niño que nacerá nueve meses después. Esos genes le definen, son irrepetibles y le pertenecen sólo a él o a ella. No son de la madre, no forman parte del cuerpo de la madre (genéticamente hablando) porque se han mezclado con una parte externa (los cromosomas del espermatozoide). El niño tiene vida y desarrollo propios aunque dependen, obviamente, de la madre. 

A partir de aquí, hablar del “derecho al propio cuerpo” por parte de los defensores del derecho al aborto es simplemente falso. No es una parte del cuerpo de la mujer, es una persona que vive y que se está desarrollando dentro del cuerpo de la mujer. Sin embargo esta mentira se repite sistemáticamente como un lema por miles y miles de personas, como si fuera verdad.

Hay dos preguntas que desde el punto de vista científico y lógico los pro-abortistas no son capaces de contestar. Jamás he recibido respuesta, sólo silencio y actitudes huidizas.

  • Siguiendo la lógica pro-abortista ¿en qué momento exacto y por qué razón el feto (material uterino o cualquiera de los eufemismos que se utilizan) se convierte en persona?
  • ¿Por qué si no se hace nada en un embarazo nace un ser humano a los nueve meses?

Son dos partes de una misma pregunta. La respuesta es clara: mucha gente hace uso de las relaciones sexuales de forma irresponsable y cuando hay embarazo quizá no les interesa saber o aceptar lo que han hecho. Curiosamente las relaciones sexuales son el método natural para tener descendencia, para dar nueva vida. Follar y engendrar un hijo se hacen de la misma manera. Físicamente son la misma cosa.

A partir de aquí, cuando hablamos de un aborto provocado hablamos de la supresión de una vida, de un crimen. Los abortos provocados son intervenciones quirúrgicas que matan al ser humano que se está desarrollando en el útero. Con el bisturí desgarran y descuartizan al feto. Son auténticas carnicerías, y los vídeos y esquemas al respecto son impresionantes.

Como tal crimen, yo no puedo ni podré aceptarlo nunca. Mucho menos considerarlo el derecho de nadie. Otra cosa es que la sociedad decida aceptarlo mediante mayorías sociales, mirando para otro lado mientras se escandaliza por las corridas de toros, la crianza de gallinas en jaulas, o las hambrunas de Sudán.

Su penalización, desde mi punto de vista, es simple coherencia con la defensa de cualquier vida humana.


El Blog de Juan Presa