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D 7/05/2017

Que si quieres robots, Catalina

Las continuas noticias sobre robots, entre las que destaca el coche autónomo o los drones, comienzan a hacer palpable una realidad que lleva décadas anunciándose: el mundo robotizado. La inteligencia artificial mejora año tras año sus capacidades, aunque de forma aún muy insuficiente y, sobre todo cualitativamente inútil. Y pondré un ejemplo cotidiano. En Reino Unido la mayoría de las cajas de los supermercados están atendidas por una máquina. En realidad no puedo afirmar que la máquina haga el trabajo de el o la cajera. El que trabajas eres tú, con una tarea añadida: enmendar los fallos de la máquina y terminar llamando a un empleado de carne y hueso, porque son muy limitadas.  Eres tú el que tienes que pasar producto a producto, buscar los códigos de barras y elegir menús en la pantalla. Tú has de meterlo en una bolsa de una forma concreta y en un sitio concreto. ¿Y si tienes dos bolsas, por ejemplo, y la segunda bolsa no cabe en el espacio reservado para ello? Ay, amigo, entonces el robot no puede seguir. Dos bolsas es una circunstancia que esta maravilla tecnológica no puede digerir.

El supermercado no te pregunta si prefieres una cajera humana o una máquina. Simplemente te lo encuentras y te tienes que aguantar. Me imagino que les compensa, porque para el tipo de comida envasada que se consume allá, sirve. Pero llegue usted con unas manzanas sueltas, un pan a granel. O no coloque usted el producto pagado como lo requiere la máquina para comprobar el peso de la bolsa. La pregunta es la de siempre: si las empresas actuales, digan lo que digan, piensan relativamente poco en la satisfacción real del cliente, ¿lo harán los diseñadores de robots? ¿Pensarán en cómo ahorrarse dinero o también en servir al cliente? Al final lo que tenemos es a un pobre empleado que atiende a diez máquinas y se ha de multiplicar pasando tarjetas y ayudando a enmendar entuertos del tipo dos bolsas, un plátano mal etiquetado o un pan a granel.

Pensemos en el coche autónomo, una realidad. Teniendo en cuenta los actuales límites de la seguridad informática, ¿quién podrá abandonarse en los brazos de un robot para que te desplace y se haga cargo de tu seguridad o la de tus hijos? Si ya se están perdiendo los contactos personales en todos los medios de transporte, por culpa de los móviles, ¿tendremos también que experimentar la aburrida presencia de un robot o un asiento vacío en un taxi? ¿O nos creemos que va a ser como en Blade Runner?

Tomemos también el ejemplo de las telefónicas. Normalmente nos atiende un contestador automático, ya es imposible ver a una telefonista en persona. Una máquina que, incapaz de preguntar de forma directa, repasa interminables opciones con números, sin por supuesto aclararlas. Pocas cosas tan frustrantes. ¿Ha mejorado el servicio? ¿Su efectividad? No lo creo así. Ha mejorado el beneficio de las compañías telefónicas.

Porque esta es la eterna pregunta, la pregunta básica: para qué. Las necesidades humanas son profundamente ignoradas por la maquinaria económica (tanto como por la política), porque las crea el márketing mediante la publicidad engañosa y traicionera. No se está profundizando en lo que necesitamos, sino en lo que necesitan algunos pocos (beneficio) y para ello redirigen nuestro afán hacia lo que interesa vender. El resultado es mucha gente insatisfecha con su vida, y estresada.

El humano necesita a otros seres humanos, la interacción, la complicidad, la amistad, el equipo, el apoyo. Sin duda hay espacio para los robots. Las máquinas son necesarias. Pero teniendo en cuenta las necesidades reales y siendo honestos con los objetivos de esa robotización, un debate que, me temo, no está abordándose.

La robotización actual, según lo veo, tiene un objetivo claro: que los de siempre ganen más dinero, seguir rodando la rueda de la sociedad de consumo, presentarnos la última novedad como algo fascinante en lo que gastar nuestros menguantes ingresos, presentándola como un innegable progreso. Se habla de la sociedad robotizada que no tendrá que trabajar más, y de la renta universal que ya se está probando en Canadá y Finlandia para ver qué hacen los beneficiarios con el dinero. Y yo no le veo lógica por ninguna parte. ¿Quién estará de acuerdo en que algunos no trabajen y vivan “del cuento”? ¿Quién pagará las facturas? No tiene ningún sentido pero ya he escuchado tantas tonterías que no me extrañaría que ésta también se la tomen en serio.

Hace falta integrar la robotización en un debate pendiente desde hace muchos años: ¿trabajamos para lograr una sociedad que nos haga felices o simplemente para ganar dinero a costa de los más pobres?



Actualización 14/05/2017

Después del episodio del malware "wannacry" que ha afectado este fin de semana a Telefónica y al NHS de Reino Unido, entre otros muchos, posiblemente dos monstruos empresariales, quiero suponer que con muy buenos departamentos de seguridad informática, ¿alguien duda de que necesitamos tener siempre un plan B ajeno a Internet? No podemos bajo ningún concepto depender enteramente de redes inseguras y, hoy por hoy, todas lo son.


El Blog de Juan Presa