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S 6/05/2017

Tragaperras de bolsillo

He escrito muchas veces acerca de la adicción a los móviles. Puede que ya no sea un tema atractivo, porque ya lo sabemos, se ha repetido demasiado. Como tantas cosas que nos pasan, las sabemos, o creemos que las sabemos y las asimilamos a la normalidad. Los temas pasan por nuestra realidad como fórmulas 1 por un circuito. ¿Quién se acuerda de la polémica del mes pasado?

El otro día, como otros muchos, me fui de paseo al Pinar de Antequera, a oler naturaleza, a pisar arena y sentir el sol que tanto me faltó en Inglaterra el año pasado. Al rato, tuve la tentación de mirar el móvil y me di cuenta de que, incluso yo, que soy tan crítico con “las pantallitas” y que disfruto tanto de los paseos en la naturaleza, estoy en cierta medida enganchado a ellas. Si lo pienso detenidamente, no necesito ver ni saber nada. Es pura adicción. Perder comba es quedarse atrás. Los grupos del whatsapp, de hecho, te “obligan” a estar disponible. Nadie entendería que pasases un día entero sin leerlo. ¿Y si es importante? ¿Y si requiere respuesta? Nos comprometemos, sin darnos cuenta, a la disponibilidad absoluta, a la distracción perpetua. 

Igual que la televisión, el móvil te ofrece contenido infinito, inagotable, y uno no tiene que pensar ni que imaginar. Es mucho más cómodo recibir pasivamente. Verdaderamente es una atracción poderosa la del móvil. ¿Cómo nos puede gustar tanto la información? ¿Cómo nos atre irremisiblemente el consumir fotos, notificaciones y textos? Oferta infinita, pozo sin fondo. ¿En qué punto me hartaré de información? ¿En qué punto mi cuello se dislocará? Y mis ojos ¿cuándo dirán basta a la luz azul de la pantalla led? ¿Afecta el móvil a nuestra capacidad para pensar e idear, a nuestra creatividad? Sí, la información nos enriquece, supongo, nos da ideas, sugiere, informa, inspira, nos hace conscientes. Pero por otra también satura, entretiene, confunde, quita tiempo, nos hace pasivos. Todo depende de la calidad de la información y de nuestra actitud y formación.

Todo un reto el aprender a usar los móviles inteligentes para que no nos dominen. Requiere disciplina y aprendizaje.

Los estudios demuestran que la adicción a los móviles tiene el efecto nocivo de cualquier adicción. En las drogas los peligros son muy evidentes en la salud. En el móvil no tanto, pero existen. Un móvil, para una persona que no lo sabe controlar, funciona como una máquina tragaperras. Y estamos entregando a los adolescentes esas máquinas tragaperras sin las herramientas para defenderse. Y con el riesgo añadido de Internet.

En fin, aprenderemos a usarlos, pero sin duda nos costará sangre, sudor, lágrimas y otra estrategia educativa y parental.


El Blog de Juan Presa