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V 20/07/2018

Yo solía escribir de política

Y lo digo como la baronesa Blixen en Memorias de África, cuando hablaba de su finca en Kenia, así, con cierta nostalgia, o pena. Porque igual que a la baronesa se le quemó la plantación de café y perdió a su amor en un accidente de avioneta, yo llegué a la conclusión de que escribir de política no tenía sentido, porque en este bendito país dividido hasta la eternidad y afectado de una incapacidad crónica para la comprensión mutua, qué sentido tiene razonar y denunciar lo que pasa con la "cosa de todos", pues eso es la política, nuestro dinero y nuestro modo de vivir manejado por gentes que carecen de las más elementales normas de moralidad y decencia.
Ninguno, en efecto. Se puede ser certero en los diagnósticos, decir verdades como puños, pero de poco servirá.
Para empezar mis pocos, poquísimos lectores no parecían apreciar mis artículos. Siempre aparecían los mismos en las analíticas web, pero nadie interactuaba o se suscribía.
Total, que el blog sólo servía a mi propio alivio emocional, para echar fuera mi indignación (cosa que, he aprendido, nunca debe hacerse, porque los demás ya tienen bastante con la suya) y "hacer algo" con respecto a las tropelías que leo en la prensa.
Y como ahora ni siquiera me satisface a mí mismo, es hora de cambiar de tercio. Dejaré de hablar de política, aunque el momento actual es muy interesante desde el punto de vista periodístico. Cualquier periodista "de raza" calificaría el momento de apasionante. Yo lo califico de lamentable y aunque reconozco el interés informativo de los cambios a los que estamos asistiendo, no logro disfrutar viéndolo y mucho menos contándolo. Como esos corresponsales de guerra, tan necesarios, que solían contar las atrocidades de las guerras desde esa extraña mezcla entre la pasión por la actualidad y contar lo que pasa, y, supongo, el horror al ser testigo de la muerte, el sufrimiento y la destrucción. Actualmente los corresponsales de guerra, si es que existen, se limitan a sacar unas imágenes típicas para el telediario, para demostrar que "informan desde el terreno".
Yo me indigno y me involucro demasiado, pero al final no paso del sillón donde tecleo ni cruzo el umbral de mi casa para movilizar un cambio.
En este mundo que nos toca vivir donde lo más cotizado es la atención pública (que me den "likes", que me lean, que vean mi foto, que comenten lo mío, que salga en la tele, que sea famoso), lo que apetece más es retirarse a una isla apartada y disfrutar del anonimato. Yo me retiro por ahora y volveré con otra cosa que quizá resuene en otras mentes y otros corazones. Con eso me conformo.

Vivir conscientemente